Historias de vida lingüística

Las historias de vida son, sin duda alguna, recursos metodológicos que favorecen el retorno del pensamiento sobre uno mismo. En una historia de vida, el sujeto deja de ser una abstracción para convertirse en alguien con vida propia, con sentimientos y un punto de vista que tiene un género, una cultura, una lengua y una condición social. Este sujeto singular se confronta consigo mismo a través del lenguaje; lo hace en un contexto mundano, que no tiene nada de excepcional, articulando su pasado y avanzando hacia su propio futuro. En una historia de vida, se crea un espacio donde la existencia y la reflexión se articulan, motivo por el cual las contemplamos, junto con otras disciplinas como la antropología, la sociología y la psicología, como un recurso privilegiado que, como tal, merece también convertirse en objeto de reflexión.

Las historias de vida son un recurso excepcional para entrar en la privacidad (que no la intimidad) del individuo, pero es necesario triangular los datos que ofrecen con otros textos para profundizar en el complejo entramado de representaciones y de vivencias. No cabe duda de que estas representaciones y estas vivencias deben ser tratadas desde su dimensión de algo singular. Pero tampoco cabe duda de que lo singular remite a un universo de configuraciones posibles, con lo cual el análisis de las historias de vida abre dos perspectivas muy estimulantes: conectar lo particular con las configuraciones posibles y localizar en lo particular lo que es distintivo, lo que difiere, porque esto es lo significativo.

Una vez hechas estas consideraciones iniciales, concretaremos a continuación en qué consiste nuestra propuesta de elaboración de historias de vida lingüística. En primer lugar, tenemos que indicar que estas historias, o relatos, se construyen a petición de alguien, con un propósito concreto. Por tanto, hay una clara relación dialógica con la persona que realiza la investigación. En segundo lugar, nos referimos a “vida lingüística” para dejar claro que el objeto de estudio son las experiencias de los sujetos con su repertorio lingüístico.

Una historia de vida lingüística comporta poner en escena un “yo” ante un investigador con un propósito concreto. Este “yo” se expresa a través de un medio que acostumbra a ser lingüístico, pero que puede presentar otros códigos, como por ejemplo el dibujo. La narración es la forma que mejor suele describir la experiencia personal, porque en una narración siempre se parte de un estado de indeterminación inicial que se transforma a partir de una sucesión de acontecimientos que presentan unos antecedentes y sus consecuencias. Entre los antecedentes y sus consecuencias existe una relación de solidaridad, de manera que la narración da sentido a la experiencia.

La propuesta que planteamos consiste en favorecer la toma de conciencia sobre las situaciones plurilingües del aula tras explicitar las historias de vida lingüística. Tal como hemos señalado, definimos “historia de vida lingüística” como el relato que hace una persona, cuando otra se lo pide, acerca de la construcción de su repertorio lingüístico. Las lenguas que se conocen, las habilidades relacionadas con cada una de ellas, la manera en la que se han aprendido, si se recuerdan o se olvidan, su uso cotidiano, la identificación como buen o mal aprendiz de lenguas, etc. son algunas de las cuestiones que se tratan en estos relatos.

Cuando solicitamos un relato de vida lingüística, solicitamos un escrito que narre la vida lingüística y la experiencia en aulas plurilingües. Nos interesa la reflexión que las personas hacen sobre sus lenguas (cuáles hablan, escriben, escuchan, leen o les gustaría aprender), así como sobre el modo en que han ido creando ese bagaje lingüístico a lo largo de su vida. También nos interesa conocer el contacto que han tenido, y tienen, con las lenguas en las aulas y sus sensaciones y reflexiones como docentes a partir de la experiencia de enseñar en contextos plurilingües. La estructura del texto que pedimos es libre, y la extensión aproximada es de dos páginas, como máximo. Los sujetos a los cuales les pedimos un relato de vida lingüística lo escriben en la lengua en la que se sienten más cómodos.

Las historias de vida lingüística, como cualquier otro tipo de texto reflexivo que se utilice como recurso para obtener datos, requieren una atención especial. De ellas nos interesa tanto lo que se dice como la manera como se dice. La forma es también sustancia. Por ello, conviene prestar atención a los procesos de análisis de datos, tanto a la referencia, es decir, los temas, como a la dimensión enunciativa, es decir, las huellas que dejan los individuos en los textos que construyen. Estas huellas pueden reseguirse analizando la entonación, los pronombres, la distinción creada entre el ahora y el antes, las metáforas y, en definitiva, todos aquellos elementos modalizadores del discurso.